domingo, 4 de octubre de 2015

Dulce mía

Dulce mía,
cuya mirada me atrapó sin resistencia,
embarcándome en un mundo de fantasía
sin dioses ni mitos, solo amor en su inocencia,
heme aquí para decirte que daría
mi vida por ver eterna en tu sonrisa a la inocencia.

Más no es cosa de magia ni de ciencia,
lo que en mi interior aguarda a ser contado.
dichosa sea la espera y  bendita la paciencia,
compañera de batalla de cualquier enamorado
que ansía de su amada la presencia
e implora ver sus sueños alcanzados.

Pues imploro ver los tuyos realizados,
y colmarme con la paz de tu voz, que es mi brisa,
eterna tregua para este humilde soldado
que batalla día y noche, cual alma insumisa
por volver a ver tu rostro sosegado
y sentir de nuevo el calor de tu sonrisa.

Dulce mía,
heme aquí para decirte lo que siento
pues rezo día y noche a la razón de mi alegría,
que eres tú doncella mía, mi quinto elemento,
mi resguardo de esperanza en la agonía
y mi estrella en el ocaso turbulento.

Pues he aquí mi juramento
por Dios que es nuestro amor
por mi patria que es tu cuerpo.

Pues he aquí mi juramento,
por mi alma que eres vos
por mi corazón que es el vuestro.

Dulce mía,
juro acompañarte en el camino
afín de convertirme en tu alegría
y envolvernos de un amor divino,
pues qué más hacer podría
si eres juez y causa de mi destino.

Un destino escrito con amor en poesía
una historia creada con cariño y sentimiento
donde dos corazones se encuentran por la osadía
de una suerte que a ambos dejó sin argumento
dando el silencio paso a una tenue rebeldía
que con el tiempo fue forjando un profundo encantamiento.

Pues he aquí mi juramento,
me entrego a la vida que eres tú
me entrego a ti en agradecimiento.

Por dotar de tu presencia a mi alma
por permitir de mí el renacimiento.

Pues he aquí mi juramento,
un regalo de tu humilde caballero,
por tinta escrito en sentimiento,
por amén… un profundo te quiero.

Héctor de las Llanderas Santana






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