miércoles, 15 de agosto de 2012

La tierra de Tovair


Más allá de las blancas montañas
Donde el cielo a la tierra abrazó
Existió un alma ermitaña,
Que a sus sueños con fuerza aferró.

Más allá de sus ojos marinos,
Que la mar de agua llenó,
De mareas con ecos perdidos
De una flor cuya espina rozó.

En las verdes tierras se hizo un hombre,
Y su mirada de azul se vistió,
Del azul que techa sus montes,
Y del agua que a sus sueños bañó.

Se crio entre bosques y sueños,
Entre ríos de lágrimas de alegría
Fue un espíritu libre y sin dueño
Cuya fuerza reinó en armonía.

Tovair, ese fue su nombre
Un joven humilde y capaz,
Un alma radiante que esconde
En su mirada ecos de paz.

Su mirada alcanzaba las nubes
Que coronaban las montañas
Como laureles cuyas ramas suben
Como rayos del sol en la mañana.

Decoró con sus huellas los montes
Pintó estrellas en la oscuridad,
Distinguió la mar del horizonte
Y se hizo dueño de su voluntad.

Más allá del pie de cualquier hombre
Dibujó una huella en su humildad
Pues fue fiel a los sueños que esconde
Entre sus ansias de libertad.

Más allá de las grandes colinas
Donde el viento se hace voz
Más allá de la densa neblina
Que en las tardes abriga al sol.

Allí vuelan aves peregrinas
Que rumbo ponen hacia su hogar
Y atraviesan naciones vecinas
Guiadas por la brisa del mar.

Se crio en un mundo increíble,
Entre cascadas y acantilados,
En las tierras de lo imposible
Donde habitan ecos de tiempos pasados.

Nuestro héroe de grandes hazañas
Fue un muchacho alegre por vivir,
Entre bosque, lagos y montañas
En la tierra de Tovair.

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