sábado, 24 de septiembre de 2011

Cantándole al silencio

No dejo de pensar en las horas que juntos pasamos,
No puedo evitar recordar las hazañas que logramos,
Apenas pienso sin mirar atrás e intento mirar hacia otro lado,
Pero siempre estará ahí lo que surgió en el pasado.


Suenan composiciones medievales y versos de misterio en la penumbra,
“¿Quiénes son los compositores de la vida en el silencio?”
Aún hay quienes se lo preguntan…
“¿Quién escribió el error? ¿Y quién fue el genio de lo perfecto?”
Las estrellas vienen y van… pero su luz te guía en el trayecto.

Más son pocos los que aguantan el infierno del error,
Por las dunas íbamos dándole esquinazos al amor,
Y en la noche quisiste dar y hacia la luna fuiste a mirar,
Cantando una melodía en la cual no hay un final. 


Mirábamos al amor con espejos de cristal,
Pensando que así la pureza era perfecta en el mirar,
Y pasaban las horas por nuestros rostros al pestañear
Cantábamosle al silencio tres estrofas y un compás.

Señor amigo que estudió Derecho en el amor,
Sacaste pecho y a las dudas dejabas sin rencor,
Y yo que fui marinero del mar muerto del corazón,
Daba brazas a deriva sin la luz de la pasión.


Más llegó el día que mis ojos quisieron visar,
Un faro en el horizonte, tierra que mis pies podían pisar,
Te encontré en aquella isla que se llamaba “Jamás…”
“Jamás daré por perdido la razón de tu amistad”

Cada anochecer vuelve a caer la luz del sol
Pasarán raudos los días pero no cambia el interior,
Se murió aquella noche la historia escrita a prisas,
Ahora revive cual fénix renace de sus cenizas.


Así que adiós maestro me despido entre sonrisas,
Tan joven nuestra amistad… Tan viejos nuestros corazones,
Me acostumbraste a no hacerle asco a una rima, son nuestros valores…

Más son pocos los que aguantan el infierno del error,
Por las dunas íbamos dándole esquinazos al amor,
Y en la noche quisiste dar y hacia luna fuiste a mirar,
Cantando una melodía en la cual no hay un final. 


Mirábamos al amor con espejos de cristal,
Pensando que así la pureza era perfecta en el mirar,
Y pasaban las horas por nuestros rostros al pestañear
Cantábamosle al silencio tres estrofas y un compás.

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