martes, 26 de octubre de 2010

Atardecer de verano.

Mi alma aspira brisa marina desde mis entrañas,
Mis venas en vez de sangre portan agua salada,
Mi imaginación revive restos de pasadas hazañas,
Y mis versos describen la orilla bañada por la marejada.

Todos portamos dentro una escena de gran valor,
Una imagen que nos caracteriza y nos describe,
Un recuerdo, una premonición, quien sabe…
Es un reflejo de nuestro corazón, de nuestro interior.
Puede ser una montaña, puede ser una ciudad,
Puede ser el campo, un pueblo, o simplemente una verdad,
Puede ser una canción, un recuerdo, un lugar, donde sea,
En mi caso es una playa cuya arena es bañada por la marea.

Es un paisaje cálido y tranquilo tirando al atardecer,
Una playa desnuda plagada de arena rubia y agua cristalina,
La arena aún caliente se desprende con el viento por la escena divina,
Y el agua reflejaba al ocaso mientras a escasos metros un rayo de luz se podía ver.

Las olas mecían la mar con tal cariño que parecía que el mar hablaba,
Las nubes que aún quedaban se marchaban dejando placer para las miradas,
La música estaba puesta y poco a poco empezó a sonar la melodía de la marejada,
Sumergido en la escena, las gaviotas se fueron perdiendo en tu mirada
Mientras ellas, volando hacia el horizonte, otro puerto buscaban.

El sol desprendía una luz tenue y apagada un tanto anaranjada,
Poco a poco fue cayendo desde el cielo para bañarse en el océano,
El agua se fue tiñendo cada vez más oscuro esa tarde de verano,
El sol y la luna en ese momento se encontraban para volver a verse en la madrugada.


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